Relatos

Lágrimas en un pergamino

No sé por qué estoy escribiendo esto, con lo fácil que sería embotellar mis recuerdos. Quizá porque necesito expresarlo de algún modo, o quizá porque si lo hago tengo la sensación de que mis palabras te llegarán. Menuda tontería, nunca podría hacerte eso. No cuando se supone que lo nuestro se zanjó hace tanto tiempo. Sin embargo siento la necesidad de contarlo, de imaginar que tú eres el pergamino que rasgo con mi pluma, que eres las letras escritas con las lágrimas de mi alma.

Nunca lo he dicho, pero mi fortaleza es pura fachada. Me hace gracia cuando alguien me dice que lo tengo fácil por ser guapa, que mi vida debe ser un camino de rosas porque todo me sale bien. Nada más lejos de la realidad, y tú eres un ejemplo de ello. ¿Conoces esa sensación de no estar a la altura de lo que haces? ¿Esa sensación de sentirte diminuto y débil delante de los demás? Es la sensación que tengo cuando estoy a su lado. Siento que todo el esfuerzo que hago, que todo mi sudor, mi tiempo y mis lágrimas no valen nada cuando ella lo hace todo sin despeinarse. Siento que por mucho que a primera vista yo parezca más explosiva, mi ser se queda en eso, en un hermoso recipiente vacío, cuando ella no solo es preciosa, sino que lo tiene todo: inteligencia, fortaleza, carácter, sensibilidad,… Sí, a primera vista impone, a primera vista quizá dé miedo, pero una vez traspasas su coraza encuentras el tesoro que esconde. Yo, sin embargo, no tengo más que cenizas. Es fácil llegar a mí, es fácil conocerme y más fácil aún aburrirse de mí.

Me dijiste una vez que soy cálida como el sol, y que ese calor es lo que te gusta de mí. Aun así no fue suficiente, nunca será suficiente. No luchaste por mí, pero lo hiciste por ella. No te lo reprocho, como te digo lo entiendo, soy incapaz de llegarle a la suela de los zapatos, pero… no puedo evitar sentir cómo duele, sentir que, cuando os miráis con tanto amor, la parte de mi corazón que te pertenece se consume. No puedo evitar temblar de dolor cuando os veo juntos, cuando la rozas, cuando la besas en mi presencia. Es como si me ahogara.

Sé que no debería estar escribiendo esto, y sé que este pergamino arderá en cuanto ponga punto y final a estas líneas, pero no puedo dejar que el dolor me consuma, que acabe conmigo. Me necesitan, sé que puedo hacer algo por mí misma, y que él me espera. Sé que me ve sufrir y no lo dice, sé que me comprende mejor de lo que quiero aceptar, y también sé que no se lo merece.

Una vez me dijiste que eras un tonto con suerte, pero lo que no sabes es que te quiero porque tienes luz propia, porque aprendiste a volar solo y lo haces cada día. Te quiero porque de algún modo sé que tú encajas en mi corazón. Aquí, en estas líneas queda una parte de mi alma, esa que te anhela, que te llora, que suspira por ti.

J.G.D.L.


Hoy me levanté pensando en una de mis niñas y en sus sentimientos más profundos. Nunca me había parado a pensar en cómo podía sentirse, ni en lo profundo de sus sentimientos. Me ha sorprendido mucho descubrir esta faceta suya, la verdad, y sentí la necesidad de compartirlo con vosotros. ¡Espero que os guste!

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